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Otras formas de vivir en pareja se experimentan
Otras formas de vivir en pareja se experimentan Publicada el 16 febrero 2009 a las 18:19:00 por admin. ES - Noticias de Prensa
Fuente : Elcomercio


Los papeles han cambiado en familias como la de Estefanía Izurieta y Andrés Pacheco. Él cocina. Y hay novios abiertos a explorar con nuevas relaciones.


Omar B., de 26 años, escribe en su portátil. Parece no oír la charla de Elena M., de 24, su pareja desde hace cuatro años. Pero tiene las antenas prendidas. Interviene para ratificar que cuando piensa en futuro se sigue viendo con la historiadora mexicana, la mujer que más quiere, pero no la única con quien tiene algo...

En la sala de un departamento, en La Floresta, en Quito, relatan que en México se acercaron a otra filosofía de vida: parejas abiertas, que estrechan lazos con amigos, sin celos.

“Los maestros de una comuna nos enseñaron a trabajar el tema desde lo político y teórico. Hoy vemos a las personas no como propiedad privada sino como sujetos capaces de gestionar su vida sexual y social”, señala.

En el Distrito Federal hay dos comunas, en las cuales se practica la poligamia. Van por la cuarta generación. Son amigos, que estudian marxismo, comen bien, son macrobióticos...

Elena niega que sean promiscuos o drogadictos, tampoco son flojos (trabajan). Sus hijos crecen juntos como hermanos.
Omar explica que él y Elena son una pareja estable, que se quieren. Pero si quieren a otros y les corresponden pueden tener una relación paralela, sin descuidar la principal. “No se trata de usar a las personas”, aclara.

Elena descarta que ahora salga con alguien más. Aunque, dice, que igual pueden tener intimidad con más hombres o mujeres. A veces, ella le da ‘tips’ a él para conquistar a alguien y viceversa.

“Las relaciones de ahora reflejan que la moral tradicional y la familia como unidad doméstica capitalista ha entrado en una crisis, que vive el mundo moderno desde mediados de los años 60”.

Así reflexiona el sociólogo David Suárez, del colectivo Sur Gente, que estudia la vida cotidiana. Recuerda que las rebeliones estudiantiles de entonces cuestionaban entre otras cosas, la trinidad basada en el trabajo, la propiedad y la familia.

Suárez dice que se vive un ‘cinismo posmoderno’, que reconoce la no validez de relaciones tradicionales. Pero, se queda en un limbo de sujetos no comprometidos, absolutamente individualizados, que no emprenden la tarea de recomponer, de reconstruir la relación colectiva.

Estefanía Izurieta, de 21 años, se casó embarazada a los 18. Sostiene que ella y su esposo Andrés Pacheco, de 28 años, no son un matrimonio tradicional. Aunque se siente felizmente casada.

Los dos trabajan. Ella es asistente de una organización política y él se encarga de las cuentas de los clientes de Movistar.

Andrés cocina porque ella “está peleada con las ollas, es cero a la izquierda en eso”. En las mañanas él prepara y sirve el desayuno y en las noches hace algo rápido. Cada uno almuerza en su oficina y Julián, su hijo, se queda con la mamá de Estefanía.

Andrés siempre ha cuidado del bebé en la noche y le gusta bañarlo. Ella y él arreglan la casa y lavan la ropa sin pelearse.
A veces se quedan el fin de semana entero en casa y cuando la Liga Deportiva Universitaria juega van al estadio. Pese a que disfrutan de la mutua compañía, salen separados con sus respectivos grupos de amigos.

“Él tiene farras en el trabajo a las cuales yo no asisto y no hay problema si yo voy a bailar con mis amigos. Tampoco si él un día sale a jugar billar y a tomarse unas ‘bielas’ (cervezas)”.

Según Estefanía, la clave de su felicidad está en la confianza que se tienen, en no haber perdido la libertad. “Nunca nos diríamos si no sales conmigo no sales con nadie. No nos mentimos”.

Suárez coincide en que se debe decir la verdad. Pero además, considera necesario someter la monogamia a discusión. No como un camino a la promiscuidad, pues ve a la sexualidad como un lazo de afecto.

El sociólogo recomienda leer a Wilhem Reich, psicoanalista que dice que las transformaciones sociales no solo se enfrentan con la resistencia de las clases dominantes sino con corazas personales. “La represión sexual impide el cambio”.
Kalindy Bolívar, de la Coordinadora Política Juvenil, tiene 23 años y su compañero 26. Están juntos desde hace un año.

Ella siente que se vive una época complicada para las relaciones de pareja. Las mujeres también quieren tener varias opciones y disfrutarlas. “Pero eso está mediado por la lógica de consumo de los cuerpos”, señala. Le preocupa que uno de los dos, hombre o mujer, se aprovechen.

Hace un tiempo intentó una relación abierta, pero no pudo por una traba mental.

Con su compañero, la idea de los celos sigue presente. Aunque tratan de evitar creer que el otro es su propiedad privada y no puede salir con nadie más.

Ella respeta los espacios de él y viceversa. Van juntos a reuniones de amigos en común, pero evitan convertirse en el centro de la vida del otro y pensar que se acompañarán eternamente. Por eso Kalindy acude sin él a las reuniones de sus amigas del colegio, entre otros escenarios.

Para jóvenes como Carla M. y su novio Juan S. no se puede vivir la sexualidad abiertamente. Sus padres nunca aceptaron que él se quede a dormir en casa. Ambos tienen 24 y aseguran que su familia prefiere creer que aún no tienen intimidad. “Mi mamá me controla, tengo que crear una historia, cuadrar con amigas y decirle que duermo en su casa para amanecer con mi novio”.

Elena levanta unas tazas de café y cuenta que no riñen por celos sino por cosas cotidianas.
Omar no cumple con el cronograma fijado para hacer las tareas del hogar. Pero en estos días están probando una solución: quien no cumple con su parte debe pagar por el trabajo del otro. Es uno de los compromisos de una vida en pareja que no está presa por la moral social -dicen-.


Un matrimonio diferente. Andrés Pacheco cocina a diario para Estefania Izurieta y Julián, de 3 años.

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